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Nosotros...

Hay personas que te cambian la vida. Él es una de esas. ¡Sí! De esas que llegan para quedarse y que te caen como anillo al dedo cuando más lo necesitas. Él es eso y más. Últimamente he estado muy sensible y justo hoy me di cuenta que en esos momentos él siempre ayuda. Por eso mis líneas de hoy van para ti, mi bello, si llegas a leerlo.

Al convivir diariamente con una persona, ya sea en tu casa en el trabajo o equis, empiezas a conocerla mejor, poco a poco vas consiguiendo lazos que te unen a ella de alguna u otra forma. Primero fueron los converse, luego el amor por los 80, pero el gran gran graaaaan click con él definitivamente son los chistes malos. Ajá, los chistes malos, de los que nadie se ríe, sólo nosotros... Por eso, cuando nos vean juntos no pregunten nada si oyen: "Soy una cereza, soy una cereza" o "Las ardillasssss", les aseguro que no van a querer saber de que se trata.

Poco a poco las cosas en común fueron aumentando. Incluso de una forma que ya parece sobrenatural. ¿Cómo es posible que dos completos extraños se coman la misma uña, del mismo dedo, de la misma forma? Pues sí, nosotros lo hacemos. Eso sin contar la manera de comernos los pastelitos, la coincidencia en las películas que nos parten la vida y los sobrenombres de nuestros ex-novios.

Somos demasiado parecidos, pero diferentes a la vez. Somos tan extrañamente compatibles que hablar con los ojos ya se hizo un juego de niños. Él es el chico que me pinta sonrisas a las 9 de la mañana, las mismas que me duran todo el día. Yo soy la que le regala chocolates, me gusta endulzarle la vida. Él es que tiene corazón de condominio con habitaciones disponibles todavía. Yo soy la que a veces quisiera alquilarle la suite presidencial. Él, el ocupado. Yo, la que lo busca. Él, el de la hoja verde en mi lata de lápices "sugestiva". Yo, la del papelito en la pared que nunca apareció. Él, mi otro hermano mayor. Yo, la niña fresa magenta. Nosotros, la contraparte del otro. Nosotros, tengan miedo cuando estamos juntos. Él. Yo. Nosotros. ¡MOROCHOS!... TE AMO

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Reflexiones de una 34B

Lo admito. Sí. Públicamente lo admito. Hace dos años me quería hacer las lolas. ¿Por qué? Pues la razón es muy sencilla: No estaba conforme con mi 32B. La verdad no estaba conforme con nada de mi cuerpo. Siempre fui gordita, pero a los 17 años y luego de experiencias la inseguridad aumenta y los complejos también.

Por circunstancias de la vida, e hipoglicemia, rebajé esos kilos de más y estaba on fire ¡jajaja!. Me sentía demasiado bien, pero aún quedaba ese pequeño detalle que me incomodaba: Mi 32B. Veía mis sostenes como si fueran para una niña de 12 años y me daban ganas de llorar. Seguía insistiendo: "Cuando tenga plata me hago las lolas".

Pero no hubo necesidad. Con el paso del tiempo mis queridas compañeras fueron creciendo a paso de vencedores, hasta llegar al tamaño que tienen ahorita, con el cual me siento bastante conforme y estoy tratando de ser feliz. Ya no pienso en operarme, sino después que tenga mis hijos porque se me van a chorrear horriblemente y tampoco quie…

Receta para sonreír

• Ingredientes:
- Amor de familia.
- Amigos verdaderos.
- Recuerdos agradables.
- Dulzura.
- Sueños de colores.
- Ilusión.
- Emociones y sentimientos.
- Un corazón grande y limpio.

• Preparación:
- Mezcle en un tazón grande (puede ser su corazón) la taza de amor familiar, la de buenos recuerdos y la de amistad verdadera.
- Agregue la cucharada grande de ilusión.
- Ponga a cocinar a fuego lento hasta que lo sienta lo suficientemente compacto como para que no se rompa con facilidad.
- Si no se espesa rápidamente no lo lleve a la nevera, cuando los recuerdos son fríos descomponen la receta. Tenga paciencia, tarde o temprano su sonrisa irá tomando forma.
- Una vez macizo, vierta en un envase (puede ser su corazón) la mezcla.
- Rellene el bizcocho con mucha dulzura.
- Cubra con la crema de sueños de colores.
- Déjelo secar por muy poco tiempo, mucho puede ocasionar el mismo efecto de la nevera, los sueños secos no son un buen ingrediente.
- Adorne …

911

En caso de emergencia, coma. Prepárese su desayuno favorito y cómaselo en la cena porque puede. Busque lo que le gusta. Endulce su paladar. 

En caso de emergencia, lea. Transpórtese a otros mundos. Vea con otros ojos. Forme parte de otras historias.

En caso de emergencia, escuche música. Cante como si estuviera frente a 200.000 personas. Baile como si nadie lo estuviera viendo. Agite la cabeza al ritmo del bajo.

En caso de emergencia, escriba. Deje salir todo lo que lleva dentro. Póngalo en palabras. Forme rimas. Aventúrese a las décimas. Quédese en la prosa. Déjelo salir.

En caso de emergencia, salga. Vaya a un lugar que no conozca. Pasee por un parque. Sienta la brisa, la naturaleza. Piérdase y aprenda cosas nuevas.

En caso de emergencia, medite. Respire y ponga su mente en blanco. Encuéntrese.

En caso de emergencia, hable. Busque a sus amigos, a los de siempre, a los más nuevos. A los de la birra y a los del café. Desahóguese, así sea por Whatsapp.

En caso de emergencia, abrace. A la fami…